Artículo publicado en la Revista Poiésis, Vol 11, N° 22 (2011)
Autores: Hiader Jaime López Parra y Rodrigo Mazo Zea
http://www.funlam.edu.co/revistas/index.php/poiesis/article/view/213
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jueves, 1 de diciembre de 2011
viernes, 15 de abril de 2011
CONSIDERACIONES ONTOLÓGICAS DE LA RELACIÓN ENTRE PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD.
Hiader Jaime López Parra, Mg.
Puede ser bastante sutil las diferencias entre psicología y espiritualidad hoy, donde las fronteras disciplinares parecieran haber roto sus límites, pero lo cierto es que, es bien diferente la psicología a la espiritualidad, teniendo aspectos ontológicos, sobre la naturaleza de su realidad objeto claramente diferenciables, así como aspectos epistemológicos y metodológicos que referenciarían rutas diversas.
La psicología desde su fundación, por lo demás, triádica, no única, con Wundt, James y Freud en el siglo XIX, ha devenido con un claro interés científico al mejor estilo de la racionalidad positivista, clásica y del neopositivismo del siglo XX.
La espiritualidad no tiene momento fundacional, nace con la vida misma, de ahí la diferencia importante entre lo exotérico y lo esotérico, donde lo exotérico tiene que ver con las creencias donde se funda las doctrinas religiosas, mientras que lo esotérico, tiene que ver con la experiencia íntima, directa y personal del ser humano con lo divino, cualquiera sea su denominación. Por lo tanto, las tradiciones exotéricas se fundamentan en dogmas, creencias y una fe que se asienta en ellas, mientras que lo esotérico, reivindica la propia experiencia y el nivel de conciencia que la experiencia de relación con lo divino permite, por lo tanto, se trata más de una fe simple, no basada en creencias. De esta manera, lo esotérico se traduce en una profunda experiencia mística, no necesariamente religiosa en sentido exotérico, donde existen profundas diferencias entre los sistemas de creencias y dogmas, mientras que, en el terreno de la mística no existen tal diferencias, la esencia es básicamente idéntica a todas las experiencias místicas relatadas. De esta manera, se busca en lo más profundo del ser el desenvolver la individualidad egoente[1].
Se podría decir que el objeto de estudio es el hombre, pero hasta allí, no se ha dicho nada sustancial, pues es el hombre en relación, pero surgen entonces las inquietudes por las dimensiones que ello implica. Desde la psicología, se puede comprender la estrecha relación entre mente y cuerpo, muy especialmente, la concepción de mente vinculada con procesos psíquicos superiores, y cuerpo, como no excluyente de esta acepción de mente. Los comportamientos serían la expresión de la compleja relación entre cuerpo y mente, con sus variables objetivables tales como la personalidad y la inteligencia, esencialmente, y más genéricamente, las actitudes compuestas por pensamientos, emociones y comportamientos.
La espiritualidad, tiene como posibilidad el abordaje de un ser humano más integral, con las clásicas dimensiones de cuerpo, alma y espíritu. Donde el cuerpo no necesitaría mucha presentación, pero lo problematizante aparece del lado del alma y el espíritu. Donde alma se podría relacionar claramente con la acepción moderna de mente, la cual está constituida por tres expresiones claramente diferenciables, lo instintivo, lo racional y lo intuitivo, donde lo instintivo está relacionado con lo biológico básico, y muy especialmente, con la historia, puesto que corresponde con la “archi-corteza”, donde tiene lugar la información que hace posible la autoconservación, la autodefensa de la especie, que impulsa al comportamiento gregario, la auto-atracción, y la relación más primaria con la propia imagen, la autosatisfacción y la relación con el comportamiento sexual y lo sensitivo. La mente racional, es la mente gobernada especialmente por la ley de la lógica. Como sustrato básico de ésta se encuentran los procesos cognitivos propiamente dichos. La mente intuitiva es aquella expresión mental que trasciende lo racional, no gobernada por la lógica sino por la analogía, aquella de la cual se comienza a hablar como post-racional, dialéctica y compleja, la cual se no se desarrolla explícitamente sino que se expande llevando a la “egoencia” y la individualidad. La mente intuitiva es el conocimiento certero y rápido de la realidad a través del estado consciente de expansión y participación como parte integral de toda la realidad. Esta expresión de la mente es parte del desafío de la nueva psicología.
Por otra parte, el espíritu, da cuenta de la condición divina del ser humano, de tal forma que, el espíritu es siempre lo que es. Para comprender esencialmente el espíritu se hace necesario ir más allá de la acepción clásica que asegura que el espíritu es la parte sustancial a diferencia de la material que es el cuerpo, lo que ha dado lugar a concepciones dualistas del ser humano, pero hoy es importante trascender esta concepción dualista y no seguir pensando que somos la suma de partes, tradicionalmente cuerpo y espíritu, somos realmente una unidad compleja.
Contemporáneamente, se puede afirmar que espíritu da cuenta de la esencia misma del ser humano, con su correlato de libertad. El espíritu expresa la capacidad de ser seres en relación, con capacidad para hacernos conciente de los diversos vínculos que nos ligan y religan, en un entramado cada vez más complejo de relaciones en razón de la evolución y los procesos de auto-organización. El espíritu nos permite la conciencia de inserción con el Todo, a partir del cuerpo animado y las posibilidades de la mente, con sus tres expresiones, instintiva, racional e intuitiva.
Trabajar para desenvolverse espiritualmente, no es trabajar sobre el espíritu mismo, es un trabajo sobre la mente-alma, sobre la relación ser humano consigo mismo, con sus pensamientos y sentimientos, sus dificultades y fortalezas, su propio cuerpo, su relación con la sociedad, sus elecciones y normas de conducta, sus relaciones posesivas y sus relaciones por participación, sus problemas y dificultades, con la responsabilidad, y en términos generales con la vida en toda su extensión.
Trabajar para desenvolverse espiritualmente es hoy más que nunca una necesidad, cuanto más avanzamos en los conocimientos en la biología, la genética, el desarrollo neurológico y médico en general; así como los procesos psicológicos, los trastornos de personalidad y el ciclo de vida. Es imperante reconocer la dimensión trascendente del ser humano, más allá de las teorías en la esfera de la teología y la filosofía, es reconocer la naturaleza esencial de un ser dotado de libre albedrío, capacidad de decisión y autodeterminación. Por lo tanto, un trabajo sistemático sobre el tipo de relación que establecemos a partir de nuestras acciones y omisiones, configura nuestra verdadera responsabilidad, y nos en ruta por buen camino del trabajo de desenvolvimiento espiritual.
“Hacer vida espiritual es experimentar (probar y examinar) y vivir (obrar siguiendo algún tenor o modo en las acciones, en cuanto miran a la razón o a la ley) a las verdades conocidas de un modo metódico (con orden), continuo (sin interrupción), especulativo (meditar, reflexionar con hondura) y místico (desde el punto de vista de la relación con Dios)”.
Vida Espiritual, Octava Enseñanza, El Buen Camino (Actualización 2010) CAFH
[1] “…Y es que la egoencia no es meta en sí misma, sino acicate para progresar (el progrédere fernandogonzaliano), una etapa y una vivencia que tienen que ser trascendidas en un proceso de desnudamiento, en el viaje a la Intimidad. De hecho, Fernando González entierra la egoencia, se entierra él mismo, con Manjarrés en “El maestro de escuela”. La egoencia sepultada resucitará como teoría de los viajes en el “Libro de los viajes o las presencias” y se hará plenitud en la beatitud del padre Elías en “La tragicomedia”, en la vivencia mística de la Amencia y el Ojo Simple de esa obra última y de las Cartas de Ripol… Las cenizas de la egoencia acaban siendo arrojadas al mar de la Intimidad y del Silencio”. Ochoa Moreno, E. Simón, el “egoente”. © 2002 - 2010 Corporación Fernando González – Otraparte. EN: http://www.otraparte.org/corporacion/prensa/20031004-egoente.html
Así mismo afirma Muñoz Soler, R. “Egoencia no es una nueva idea, un nuevo paradigma científico, nuevo sistema filosófico... No es algo que haya que explicar. Es el ritmo in-sonoro de una nueva ley: o la reversibilidad de la misma ley”. EN: http://www.ramonpmunozsoler.com.ar/textos/Egoencia.doc
Continúa afirmando Muñoz Soler, R. que “Egoencia es la individualidad que se descubre en la comunidad espiritual y se realiza en la comunidad social”. EN:
viernes, 8 de abril de 2011
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